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Iniciación Deportiva Escolar
Rubén Estudies

Tiempo de lectura estimado: 2 min. 6 seg. (1987 palabras)



Rubén Estudies.
Licenciado en Gestión Educativa y Profesor Nacional de Educación Física. Además, es especialista en educación física del nivel inicial  y programa de iniciación deportiva escolar.
Actualmente integra el equipo de capacitación de la Secretaría de Deporte, Educación Física y Recreación de la Nación.

 

 

 

La Ley de Educación Nacional N° 26.206 en su Capítulo III, inc. K) indica entre otros conceptos:

“promover el juego como actividad necesaria para el desarrollo cognitivo, afectivo, ético, motor y social”,
agregando que [desde los nueve años con el mini-deporte y desde los doce años con el deporte propiamente dicho, se jerarquiza el trabajo en equipo, la toma de decisiones, el desarrollo del pensamiento táctico, etc.”].

En este contexto, la escuela, como institución social, se constituye en el escenario óptimo para abordar el desarrollo de un “Programa Evolutivo del Juego al Deporte” por las siguientes razones:

  • Es un espacio continente, referencial y reconocido por toda la sociedad.
  • Desarrolla una enseñanza horizontal e inclusiva, democratizando el acceso a los contenidos que se plantean y garantizando la igualdad de oportunidades.
  • Las actividades están conducidas por profesionales docentes acreditados y especializados en diferentes instancias pedagógicas.
  • El trabajo debería estar orientado a la construcción de un acervo motor polivalente, de matriz formativa (alfabetización motriz), que supere los resultados cuantitativos que exige la competencia deportiva.
  • Dicho marco pedagógico, debe respetar los estadios evolutivos de las diferentes franjas etarias abarcadas en los niveles de escolarización.

Desde el punto de vista técnico-pedagógico, la Educación Física Escolar debe capitalizar las significativas posibilidades que brinda la “etapa de fase sensible” (5/6 a 10/12 años) para concretar un amplio desarrollo motor. Lo que suceda en esta etapa tendrá características fundacionales para el futuro desarrollo deportivo infanto-juvenil. “Fase sensible: período delimitado durante el cual los seres humanos reaccionan de modo más intenso que en otros, ante determinados estímulos externos, dando lugar a los correspondientes efectos” (Winter, 1986-1987).

“Las estructuras coordinativas básicas maduran a partir de los seis años y alcanzan un máximo desarrollo a los once/doce años. A partir de los doce/trece años aproximadamente, se desarrollan y construyen las capacidades condicionales relacionadas con la condición física” (Grower – Zinti, 1989).

La misión de la Educación Física Escolar tiene propósitos formativos claramente definidos:
columna vertebral de los Programas de Iniciación Deportiva, resignificando el valor vital del juego en la primera infancia, generando motivación, gusto y placer a través de la práctica y desarrollado en un contexto pedagógico, adquiere una relevancia aun mayor ya que permite materializar normas, hábitos saludables, trabajo en equipo, valores y principios que hacen a la formación integral infantil.Más que una técnica y/o un resultado deportivo, el niño (como sujeto de aprendizaje) debe ser el núcleo central y el primer contenido a considerar en este proceso.

Respetando los etapas evolutivas, deben llevarse a cabo procesos de enseñanza y aprendizaje de los diferentes gestos técnicos, capacidades, destrezas y habilidades necesarias para desenvolverse eficazmente, resolver las “situaciones-problema” que se plantean y procesar las “comunicaciones motrices” que exigen las prácticas deportivas (Sociomotricidad - Praxiología motriz, Parlebas, 2001).

“Una persona está iniciada en un deporte, cuando tras un proceso de enseñanza-aprendizaje, adquiere los patrones básicos requeridos por la motricidad específica de un deporte, de manera tal que además de conocer las reglas y comportamientos estratégicos fundamentales, sabe ejecutar técnicas, sabe moverse en el espacio con sentido del tiempo de las acciones y situaciones de juego, y sabe leer e interpretar las comunicaciones motrices emitidas por el resto de los participantes” (Sánchez Bañuelos, 1986).

Una escuela que trabaja desde este paradigma, puede convertirse en un excelente brazo articulador con otras instituciones sociales orientadas a la especialización y la competencia federativa, o bien dotar a sus alumnos de las competencias necesarias para desarrollar buenos hábitos, una actitud proactiva y una mejor calidad de vida.

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